Koilos
En esta serie de bajorrelieves retroiluminados, la escultura trasciende su naturaleza de objeto inerte para convertirse en un organismo vivo. El artista interviene sobre la superficie de la piedra no para decorarla, sino para generar una verdadera "piel": una textura orgánica que desafía la rigidez ancestral del mineral, transformándolo en algo vibrante y biológico.
El título de la serie, Anima Mundi, evoca la antigua visión filosófica según la cual el mundo no es una colección de objetos inanimados, sino un único organismo vivo impulsado por una fuerza vital universal. La obra interpreta este concepto a través de la síntesis indisoluble de materia y luz, elementos que actúan aquí en una simbiosis ontológica: si la piedra constituye el cuerpo, la estructura física, sólida y táctil, la luz representa su alma, el aliento que la despierta de su letargo mineral. Sin luz, la piedra permanece en silencio; sin piedra, la luz pierde forma y límites. Es en este encuentro que la materia deja de ser una sustancia inorgánica para convertirse en una criatura. A través del movimiento y las variaciones cromáticas que libera la retroiluminación, la textura esculpida parece respirar. Las sombras se mueven entre las grietas de la piedra como si un torrente vital fluyera a través de ellas, transformando la losa en una membrana sensible. La obra ya no es un objeto estático para ser observado, sino un proceso vital en curso, donde la luz penetra el material para revelar su esencia más profunda y dinámica.
Filosóficamente, estos bajorrelieves celebran el momento en que lo inorgánico se vuelve orgánico, ofreciendo al observador la experiencia de una materia que, finalmente poseída por un soplo de luz, deja de ser una mera "cosa" y se convierte en un "ser".
Dimensiones: 70x50x50
Material: Navona

