
declaración
Mi investigación artística explora la profunda frontera donde la densidad ancestral de la piedra se encuentra con la vibración inmaterial de la luz. Concibo la escultura no como una masa estática, sino como un organismo vivo, un vehículo de una energía primordial que busca revelarse a través de la piedra.
En mi obra, la piedra representa el Cuerpo: un ancla silenciosa, táctil y milenaria. La luz representa el Alma: un aliento fluido y dinámico que despierta lo inerte. Mi práctica es un diálogo constante entre estos dos opuestos. La obra nace en el preciso momento de su fusión, donde la luz deja de ser un fenómeno físico externo y se convierte en un evento endógeno, una verdad que reside en el corazón de la materia.
Al yuxtaponer la oscuridad de la piedra con la vibración de la luz, intento reflejar la condición del ser: una estructura finita que esconde, en su núcleo más profundo, una chispa de infinito.











